Una madre nos cuenta qué tiene que hacer cada día para que sus hijos no mueran de hambre

El amor de una madre es uno de los sentimientos más grandes que se observan en la vida al poder dar hasta lo que no tienen, con el fin de poder cuidarlos en todo momento.

Varios son los casos en donde a las madres no les importa dejar a un lado su integridad o dignidad con el fin de poder mejorar la vida de sus hijos, pero aunque sean criticadas a ellas no les interesa con tal de sacar a los pequeños adelante. Como es la historia de una mujer que se encuentra sumergida en la prostitución para no dejar que sus hijos mueran de hambre.

Madre vende su propio cuerpo con tal de sacar adelante a sus hijos

Magalyes una prostituta que ha recibido una gran cantidad de nombres diferentes que tratan de dañar su dignidad, vivió en una familia disfuncional que después de varios problemas no sabe nada de sus padres y todo fue producto de gritos como de violencia en todo momento. De igual forma hambre y desesperación de poder salir de ese lugar que solo le ocasionaba perturbación, así que se escapó sin pensarlo.

A sus 15 años se enamoró de Juan un hombre que le doblaba su edad, pero su corazón se aferró a él y con una simple mirada ella quedaba perdida. Solo a pocos meses de salir con él quedó embarazada y dio a luz a Jesús, su pedazo de cielo, pero su pareja cada vez se portaba diferente. Aprendió a ser una mujer ya que no sabía cocinar, atender a su esposo y poder cuidar la vida de su hijo.

Pero cuando nació Adriana su segunda hija a los dos años las cosas se tornaron más serias, y al no cuidarse se embarazó a los siguientes dos años de Carmen la más pequeña. Juan siempre le echaba la culpa de todo al reclamarle que porque tenía tantos hijos, pero en realidad nunca la amó y solo quería jugar con ella, algo que entendió con el paso de tiempo.

Cuando su tercera hija cumplió dos años Juan se enamoró de una jovencita y sin decir nada la abandonó y no vio por el bien de su familia. La madre desecha buscaba trabajo pero todos le cerraban las puertas y al no saber hacer nada comenzó a vender lo poco que tenía, pero no era suficiente. Pero al estar decidida en darles de comer a sus hijos fue a un bar a pedir trabajo de mesera, el dueño le dio el trabajo a cambio de llevarla a una habitación para hacerle las cosas más repugnantes del mundo.

Con 500 pesos y lágrimas en los ojos fue al supermercado para prepararles una rica comida a sus hijos, por lo que ellos la abrazaron y le agradecieron. Le pidió a su vecina que los cuidara y regresó al lugar para pedir el uniforme de mesera, pero el dueño le dijo que quería que trabajara como prostituta y que la mesa 6 la esperaba. Desde ese momento realiza uno de los trabajos más tachados por las personas, pero que ella debe hacer para responder lo que su pareja olvidó.

“Soy una prostituta que a pesar de las críticas mis hijos no pasan frío ni hambre, además solo Dios y yo sabemos el asco que me da acostarme con 10 a 15 hombres todas las noches. Soy prostituta y no me avergüenza decirlo ya que gracias a eso le doy comida a mis hijos y continuo esta maldita vida que no vale nada. Pero cada vez que mis hijos me dicen te amo siento que todo lo que hago vale la pena y disfruto que sean felices. Solo me queda luchar y no dejar que vivan este maldito infierno”, fueron las palabras de Magaly.